Era estupendo quemar. Constituía un placer especial ver las cosas consumidas, ver los objetos ennegrecidos y cambiados. Con la punta de bronce del soplete en sus puños, con aquella gigantesca serpiente escupiendo su petróleo venenoso sobre el mundo, la sangre le latía en la cabeza y sus manos eran las de un fantástico director tocando todas las sinfonías del fuego y de las llamas para destruir los guiñapos y ruinas de la Historia.
Educación sentimental para la niña de tus ojos
Ray Bradbury. Fahrenheit 451

Un hombre necesita un perro que lo pasee
Creador de Doctor Ojiplático, colaborador ocasional en nuncalosabre, LasMilVidas e ingrediente del Cóctel Demente
@JotaPego_
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