Descrita como una sinfonía urbana, A Bronx Morning es, al mismo tiempo, un ejercicio de cine amateur y un documento de la incombustible vitalidad de Nueva York en el apogeo cosmopolita de los 30. Un trabajo sin pretensiones del único director estadounidense que puede presumir de haber sido colaborador directo de Sergei Eisenstein: Jay Leyda, miembro de la Workers Film and Photo League y partícipe en El prado de Bezhin, una de las tres películas inacabadas del director de El acorazado Potemkin.
El espectador se introduce en Bronx gracias a una panorámica general desde un tren. Le sigue un montaje con vistas del barrio, donde se ofrecen las actividades cotidianas de los vecinos y escenas de los negocios locales.

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